
La mala suerte persigue sobre la cabeza como un nubarrón inestable, sea a cielo abierto en un día soleado o bajo techo seguro. El mago levanta la cabeza, dialoga con los oscuros vapores. Ya no teme más mojarse.

En antiguos sueños supe decapitar a un cíclope, un samurai cíclope de ojo rojo, en pos de finalizar el sufrimiento dado en algunas experiencias oníricas. Como fantasma él ojo retorna entre las líneas de la birome, surge de los garabatos, se cristaliza en dibujos. Ese único ojo observa, mira, ve.